Hace exactos 29 años, el 21 de mayo de 1983, cuando yo tenía sólo seis, fui por primera vez al estadio. Mi viejo se disponía a salir rumbo a Playa Ancha a ver a su querido Santiago Wanderers cuando yo, sólo por colarme, pregunté: ¿con quién juega? Con la U, me respondió. A mí me gusta la U, se me ocurrió decirle. Vamos, entonces. Antes de empezar el partido, soltaron un chancho en la cancha como broma al DT azul, el gordo Luis Santibáñez. Me aburrí soberanamente esa nublada tarde en el Puerto; menos mal que había llevado un par de autitos para jugar en la galería. Además, boté sin querer con mis pies la Bilz que mi viejo me compró. En la cancha, la U ganó uno a cero con gol de Martín “Tincho” Gálvez, y el arquero Rodríguez de los locales le atajó un penal al gran Sandrino Castec. Lo puedo decir con absoluta certeza. Desde ese día soy hincha de la U.
Me cuesta hablar de esta canción. Es la que más quiero de entre todas las que he escuchado del Gitano Rodríguez, el cantautor porteño que ganara con justicia la inmortalidad por los versos con que homenajeó a su natal Valparaíso : "Yo no he sabido nunca de su historia / un día nací allí, sencillamente...". Pero el resto de la música y la lírica del Gitano, nutridas de la obra de Violeta y Paco Ibáñez, tiene una fuerza tan excepcional como ignorada.
Hace varios años ya que canto Laura, y aún no dejo de estremecerme al hacerlo. Su dolor es incontestable, rotunda su nostalgia, y al mismo tiempo es tan vívida la confusión del desterrado entre la añoranza de la mujer perdida y la ciudad evocada, que ellas se vuelven una sola en sus versos. Y, como toda la obra del Gitano, es tan poco conocida que llega a ser indignante. Es por eso que decidí grabarla hace un par de tardes, en la amable soledad de la biblioteca en que trabajo, después de clases: para ayudar, si de esta forma es posible, a difundir la obra de este enorme cantor y poeta. Ojalá les agrade.
Te quedará de mí ese aire frío de los pájaros sin mar
y ese clima sin fin como de lentos ascensores que no están
el viento soñará en las cornisas con tu pelo de mujer
la lluvia traerá una pregunta que no puedo responder
Laura, tu nombre se recordará en esta canción
lejos, yo estaré lejos de mi pueblo una vez más
o tal vez no, o tal vez no
Puedes llevarte el sol, ese verano que en cenizas se volvió
contigo morirán hasta las huellas del asfalto y del papel
ya no te contaré mi itinerario de viajero sin final
y para siempre así, aunque la piel de la memoria siga igual
Laura…
De ti se acordarán esas banderas que mi pueblo levantó
en ellas vivirás como consigna triste de un amanecer
me quedará en la piel una presencia de otra piel que no esperó
y se recordará esa manera de perderte una vez más
Laura…
No me ha resultado fácil encontrar buen material audiovisual sobre el canto a lo humano y lo divino, y a la paya campesina. Este arte en extinción, con el que me siento extrañamente ligado (quizá por mis antepasados cantores del secano costero, quizá sólo por mi cariño hacia el verso y la guitarra) revive noble y brillante en las imágenes de este documental de María José Calderón, disponible en Youtube en siete partes de aproximadamente diez minutos. La Sole me cuenta que ella lo ha visto también en ARTV. Además de exponer en detalle las formas posibles del canto a lo poeta -canto a lo humano, canto a lo divino y paya-, la obra fílmica critica indisimuladamente el desconocimiento que como chilenos tenemos de la tradición oral y sus cultores. No cualquier verso torpemente rimado al son de una guitarra es una paya, como no cualquier cantor es payador. Una obra imperdible para quienes sucumbimos al atávico magnetismo de cuartetas y décimas, y si usted es de los que sólo se acuerdan del folklore en septiembre, véala también, que no se arrepentirá.
Escrito está en mi alma vuestro gesto y cuanto yo escribir de vos deseo: vos sola lo escribistes; yo lo leo tan solo que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto, que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, de tanto bien lo que no entiendo creo, tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir, y por vos muero.
Fue una gratísima jornada. Sin atrasos ni discusiones como en muchas otras ocasiones, aunque con algo menos de público del que esperábamos, el LXV Torneo de Ajedrez AREA 5, desarrollado en nuestro viejo COGGZAI, fue un éxito de principio a fin.
Me atrevería a decir que todo salió impecable. Después de como un mes de planificarlo junto a la dirección del colegio y el centro de padres, nuestros esfuerzos en esta primera experiencia como sede de un torneo oficial de AREA 5 fueron muy bien recompensados, y no sólo porque nuestro equipo se coronó campeón, sino porque se cumplieron las expectativas de todos en cuanto a orden, comodidad para la organización y los participantes, e incluso réditos económicos para los padres y apoderados, sin los cuales no habría podido llevarse a cabo el evento.
En lo deportivo, mis chiquillos lograron el campeonato estrechamente, superando por muy poco al fuerte equipo del Colegio San Ignacio de Valparaíso. Individualmente, debutantes como Jorge Bustamante o Joaquín Saldías me sorprendieron gratamente con sus desempeños, sumándose a las habituales buenas actuaciones de Estéfano Poblete, Joshua Araos o el reaparecido Francisco Bastías. La Maca Fernández se llevó, inesperadamente, una medalla como mejor dama en Sub 10. Me gustó ver también a Camilo y Moroni Valdés, Benjamín Gaete y la Liliana Cáceres, ex alumnos de mi taller, que recordaron los viejos tiempos en que jugaban por el COGGZAI.
Justamente la Lili me tenía una buena noticia: luego de ganar, previsiblemente, el comunal de los Juegos Bicentenario, venció también en la fase provincial del certamen y se está preparando para participar en el campeonato regional, que se realizará en el Liceo A-39 (me parece) el 27 de agosto. Ojalá logre clasificar para la final nacional, ya que por edad ésta es su última participación en los juegos.
En definitiva, se trató de uno de esos días en los que me acuerdo de por qué me dedico a esto, de cómo empezó mi relación con el ajedrez, de quienes me motivaron en principio para convertirme en monitor y de para qué sigo esforzándome a pesar de los desencantos del trabajo en la educación pública. Y la respuesta es sencilla: para poner una sonrisa en los rostros de un grupo de niños.
“Ya que no podemos vivir tiempos revolucionarios aprendamos, al menos, a vivir el tiempo de los rebeldes. Saber decir no, esforzarse cada uno desde su puesto, crear los valores vitales de los que ninguna renovación podrá prescindir, mantener lo que merece la pena, preparar lo que merece vivirse y practicar la felicidad para que se dulcifique el terrible sabor de la justicia… Todos ellos son motivos de renovación y esperanza”.